miércoles, 15 de abril de 2015

Oratoria



Oratoria


Ante todo, oh hombres de Atenas, ruego á todos los dioses y las diosas todas, que, cuanta es la benevolencia con que yo vivo para la patria y todos vosotros, tanta tengáis en esta contienda vosotros para conmigo. Pido luego á los dioses os den lo que más os interesa á vosotros mismos, á vuestra piedad y gloria; esto es: que, para el cómo vosotros oírme no os aconsejéis con mi adversario –maldad sería esto por lo menos–, sino con las leyes y el juramento. En el cual, entre todo lo referente á la justicia, dícese también que se oirá igualmente á entrambos. Esto es: que no haya prejuicio alguno, ni deje de haber la misma benevolencia con ambos, sino que, cuanto á la ofensiva y á la defensiva, como cada uno de los contrincantes quisiere y prefiriere, así se le deje proceder.
Muchas son en esta contienda las desventajas mías respecto á Ésquines; dos de ellas, muy grandes, oh hombres de Atenas. La una, que no contendemos por lo mismo; pues no es lo mismo para mí perder vuestra benevolencia que para éste perder su acusación. Para mí... mas no quiero, comenzando á hablar, decir nada destemplado; éste, empero, por malévolo me acusa. Es la otra desventaja: que naturalmente place á todos los hombres el oir denuestros y acusaciones, y mucho les desplacen los que á sí propios se alaban. Lo agradable, pues, tócale á éste; lo que á todos, por decirlo así, carga, eso queda para mí. Si, temeroso de esto, no digo lo que he hecho, pareceré no tener cómo sincerarme ni exhibir nada que honor merezca. Si entro á hablar de lo que he hecho en la vida privada y pública, veréme muchas veces obligado á hablar de mí mismo. Probaré, pues, á hacerlo con toda la posible mesura. De lo que me arrastrare el asunto mismo, responda éste, que ha promovido semejante contención.

Biografía: http://definicion.de/oratoria/

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